Jesucristo, en su pedagogía divina, condescendió con nuestro modo de conocer -basado en la percepción sensorial- y quiso que le contemplaran en su ascenso hacia la "Nube" como signo visible de su vuelta al Padre.
Sabemos, no obstante, que el Cuerpo glorioso del Señor no está sometido a las leyes físicas del espacio y del tiempo, que no ocupa un lugar...y que por tanto no "se mueve" en el espacio.
ESTA ASCENSIÓN EXPRESA LA REALIDAD DE QUE EL MISMO DIOS HAYA ASUMIDO COMO PROPIA NUESTRA NATURALEZA HUMANA.
Hace años entendía que la "humanización de Dios" suponía un "forzar hasta el límite" la Naturaleza divina -en cierto sentido contranatura- para que el Creador pudiese "caber" en un ser humano, algo así como si un adulto se empeñara en vestirse con un traje de niño; pero más tarde he comprendido que no es así: EL HOMBRE HA SIDO DISEÑADO "A LA MEDIDA DE DIOS, como réplica contingente suya, como "un traje a la medida"..., que está a la espera de ser, algún día, vestido por su dueño.
Por eso fue posible la humanizaciónn de Dios, porque DIOS CABE EN EL HOMBRE, o lo que es igual: EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS.
Contemplar a todo un Dios...con naturaleza humana nos da una idea de la dignidad del hombre; es más, nos permite vislumbrar su identidad, el sentido de su vida, aquello que está llamado a ser: HACERSE UNO CON DIOS, EN CRISTO...POR EL ESPIRITU SANTO.
¿Y cómo podemos nosotros, que peregrinamos por el tiempo, seguir la "estela de Jesús" en su subida al Cielo?, sólo hay un modo: INCORPORARNOS A ÉL COMO MIEMBROS VIVOS DE SU CUERPO MÍSTICO.
En lo que se refiere a la Ascética, que es el camino habitual de nuestra "personal ascensión", me imagino que cada uno es como un globo aerodirigible, anclado en la tierra pero destinado a elevarse.. y perderse entre las nubes.
Pero para despegarse del suelo, un globo tan pesado, se hacen necesarias dos condiciones: primera romper todas las amarras que lo mantienen clavado en el suelo; y segunda calentar suficientemente el aire interior hasta superar la fuerza de la gravedad.
Si queda alguna sin romper..., por delgada que parezca, el globo no se despegará del suelo.
Sólo hay un Fuego que logre ese fin: la llama viva del Espíritu Santo, aceptado como huesped del alma y como motor de nuestra vida.
Cualquier otra actividad, por brillante que parezca acabará en un fracaso estrepitoso.
¿VAMOS A RENUNCIAR A UN DESTINO TAN EXCELSO, QUE SUPERA CON MUCHO NUESTROS MEJORES SUEÑOS?
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